La Transición Varios rios de tinta han corrido en el país con el tema de la transición. Algunos dándola por finalizada y otros que dicen que recién está empezando. Incluso un erudito escribió la palabra en un papel que dejó en el suelo durante cuarenta días y cuarenta noches, dando por resultado la palabra transacción, que lo dejó aun mas confundido.
En todo caso aquí no voy a hablar de la transición política, sino de una más íntima cuya singularidad para mí es que representó mi cambio de la niñez a la adultez ,es la transición del lápiz de mina al del lápiz de pasta
Pero primero vamos por parte:
La primera vez que tuve los dos lápices en mi mesa estuve dubitativo. No sabía si elegir entre lo tradicional o la novedad. Con la osadía de la inexperiencia, me aventuré con el BIC. Con cautela escribía, hasta que llegó la equivocación. Que acá es fatal. Con terror veía que lo escrito no salía con nada. Ya no me servía la impunidad que antes me daba la goma. Y si ocupaba el corrector dejaba una mancha blanca que parecía una costra de una gran herida. En ese momento, ese hecho lo asocié a que todos mis actos ,iban a quedar plasmados para siempre, y me odié.
Durante un tiempo, exilié al bolígrafo a un rincón de la mesa. Sólo lo sacaba de allí para los títulos o los subrayados
Hasta que un día la profesora se me acercó y me dijo: “¿hasta cuando Perez escribe con el grafito? mañana lo quiero ver con un bolígrafo",yo le respondí:"sí señorita” ante la risa de mis compañeros.
Aunque ahora me demore el doble, primero escribo con el FABER y luego lo remarco con el BIC. Ya que nunca dejaré ver todos los muertos que deja el proceso de mi escritura y solo verán el resultado final.

